HOJA SUELTA
Me ha indignado el informe que acabo de recibir de que algunos empleados
del Banco Nacional han sido sorprendidos con la versión audaz y mentirosa de
que yo tenía el deseo de que fuesen reanudadas las labores en ese Banco o que
cuando menos había autorizado a los empleados que altiva y patrióticamente se
sumaron a la huelga, presentando sus renuncias, para que las retiraran y volvieran
a su trabajo. Que, con ese motivo, algunos de tales señores empleados fueron hoy
a su trabajo y que es posible que otros lo hagan mañana.
Inmediatamente me valgo de los medios difícilmente a mi alcance para
establecer comunicación con los empleados que fueron hoy al Banco, y
responsabilizo a las personas a quienes hago llegar esta nota del cumplimiento del
encargo que les hago para que lo pongan individualmente en conocimiento de los
empleados dichos a fin de que ellos conozcan bien claramente mi actitud.
Desde luego, tengo por descontadas su rectitud y la buena fe con que han
procedido, pero su presencia en el Banco, después de lo que aquí les digo,
implicaría un intento de rompimiento de la Huelga General, con daño para la
causa oposicionista, ahora visiblemente victoriosa, y para los intereses del
país. La Huelga General no puede cesar si no es solucionado satisfactoriamente
para la oposición el problema político, como tendrá que solucionarse,
y en ningún caso puedo autorizar cesación parcial de la huelga sino que el
cese tiene que ser en un mismo momento para todas las actividades. Los
empleados del Banco Nacional tienen a muchos de sus amigos exponiendo la vida
en el campo de batalla; hasta puede ser que tengan a deudos suyos porque son
muchos centenares de nuestros jóvenes los que se han ido a ofrecer para este
sacrificio por la patria. Estoy en condiciones de afirmar, y aun de garantizar,
ante los empleados del Banco, que el mantenimiento estricto de la huelga puede
contribuir a salvar las vidas de todos esos jóvenes y de los muchos campesinos que
están con ellos; si se abre un portillo para facilitarle al gobierno el modo de
debilitar la huelga, se sentirá alentado para atentar con más saña de la que ha
venido empleando contra las vidas de los que combaten por la causa oposicionista
y por la libertad del sufragio. Ruego encarecidamente a los empleados del Banco
Nacional que reflexionen sobre esta grave responsabilidad que pueden llegar a
contraer si insisten en concurrir al Banco, lo cual, además, los convertiría en
colaboracionistas del régimen y tengo la confianza de que ninguno de ellos querrá
hacerlo. Lo anterior es lo que más me interesa hacer saber a los empleados del
Banco que, como conozco el estado en que se haya hoy la situacion, si ellos
sirvieran los deseos del gobierno y de los calderonistas asistiendo a su trabajo y
contribuyendo a que se tratase de romper la huelga, habrían contraído otra
responsabilidad en perjuicio de nuestro partido, por las razones que diré oportunamente,
tan pronto como esté en condiciones de decirlas. Sin embargo,
pongo entera mi fe en los empleados del Banco Nacional y atenido a la confianza
que mi palabra pueda inspirarlas, les pido que, por el bien de Costa Rica y por su
paz, abandonen de nuevo su trabajo.
OTILIO ULATE.-
(Hoja suelta, Marzo de 1948).
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